lunes, 10 de diciembre de 2007

COMO REALIZAR UN BUEN EXAMEN UNIVERSITARIO


Los estudios universitarios marcan la vida futura del alumno, tanto profesional como socialmente, de ahí la importancia de evaluar de modo inequívoco quiénes han sido capaces de asimilar los conocimientos necesarios para completar de manera satisfactoria su formación. Entonces, si hay que afrontar un examen y éste se ha preparado correctamente, ¿qué debemos hacer para tener mayores garantías de éxito? Algunos consejos útiles en este sentido pueden ser los siguientes:
Llegar a tiempo. Unos minutos de antelación pueden servir para prepararse mentalmente y también para evitar pequeños imprevistos (atascos, averías, olvidos...). No es aconsejable llegar demasiado pronto, ya que se pueden acrecentar los nervios durante la espera.
Es recomendable ir al servicio poco antes del inicio del examen y no ingerir alimentos en las horas previas (hora y media aproximadamente)
dado que el proceso de digestión sustrae sangre del cerebro.
Asegurarse de qué material se puede utilizar (calculadora, tablas, apuntes...) y llevarlo al examen. Si está permitido, tal vez sea necesario disponer de ello durante la prueba. También referido al material, se aconseja escribir siempre a bolígrafo azul o negro ya que los colores claros se leen peor. Es importante llevar varios bolígrafos, nunca se sabe cuando pueden fallar. No es bueno que la mesa parezca el mostrador de una papelería (rotuladores fluorescentes, goma de borrar, escuadra, cartabón, líquido corrector...).
Habrá que llevar lo estrictamente necesario y siempre el D.N.I. o
en su defecto otro documento identificativo. Estar tranquilo. Una de las técnicas más sencillas y asequibles de relajación consiste en cerrar los ojos y respirar hondo, controlando la respiración, sintiendo como el aire entra en el cuerpo, llega hasta los pulmones y vuelve a salir, así en varias ocasiones. No se consigue nada estando preocupado por suspender el examen. Tampoco es bueno estar excesivamente relajado, se va realizar un examen no a tomar el sol a la playa, por ello resulta conveniente mantener un cierto grado de tensión. Sentarse correctamente, apoyando la espalda en el respaldo de la silla, permite evitar la fatiga física. Ha de trabajar la mente y no el cuerpo.
No molestar. Es conveniente no llamar la atención, no romper la concentración de los demás compañeros que están realizando el examen. Dar golpes con el bolígrafo en la mesa, dejar el móvil encendido o pedir a otro alumno que comparta su calculadora, por ejemplo, son actitudes egoístas y poco éticas. Trata a los demás como quieras ser tratado. Apaga el móvil, especialmente si suena con una de esas melodías cutres tipo Expediente X.
Leer las instrucciones. Es importante saber el tiempo de que se dispone para realizar la prueba. Suele ser conveniente llevar reloj para poder distribuir ese tiempo de forma adecuada entre las distintas cuestiones y controlar de este modo si el ritmo de resolución es el adecuado. Asimismo, es interesante conocer la puntuación de cada una de las preguntas y si es necesario responder a todas o por contra hay algunas que pueden ser descartadas.
Leer las preguntas. Suele ser bueno leer primero todo el examen para tener una visión conjunta del mismo y poder distribuir el tiempo en virtud de los conocimientos y de lo que demanda cada cuestión. Es conveniente ocuparse en primer lugar de las preguntas que mejor se dominan (siempre que sea posible), aunque tampoco es una mala idea responder el examen en el orden establecido. Una vez que nos hayamos decidido por responder a una pregunta, resulta muy importante leerla completa y cuidadosamente, subrayando las palabras clave. Antes de empezar a escribir, para poder estructurar la respuesta, es necesario entender todo lo que se pide. Suele ser importante responder con exactitud a las cuestiones, por ello si se tiene alguna duda sobre el enunciado es conveniente preguntar, pero sólo una vez que se está completamente seguro de que la duda no queda resuelta en el propio enunciado. No hay que dejar preguntas en blanco, salvo que no se tenga ninguna idea al respecto. Una respuesta en blanco inequívocamente se puntúa con un cero. Si el tiempo se acaba y no ha sido posible responder a todas las cuestiones, habrá que completar el examen con notas breves que demuestren que se dispone de conocimientos sobre la materia.
Cuidar la presentación. Hay que recordar que va a ser otra persona la encargada de leer y evaluar lo que escribamos. Por tanto, habrá que esforzarse en hacer una letra clara, a tamaño normal; cuidar la ortografía, las tildes, los signos de puntuación; numerar claramente cada respuesta; subrayar las palabras clave del texto que se redacta para dar una idea de dominio sobre el mismo y hacer más sencilla su lectura. No hay que olvidar que el examen sirve para demostrar que uno entiende la asignatura. Al final de cada pregunta conviene dejar un espacio en blanco por si posteriormente se desea añadir algo. Si al agregar nueva información se agota el espacio reservado, habrá que señalar claramente en qué folio continúa la respuesta. Un buen método para separar las respuestas es trazar una línea horizontal al inicio de cada una de ellas. En caso de cometer algún error, es mejor tachar que borrar, pero con moderación. Tachar es más rápido y permite recuperar la información para rehacer el ejercicio. En cualquier caso, la evaluación se realizará por lo que se ha puesto en el examen, y no por lo que se ha querido poner. En consecuencia, habrá que escribir lo suficiente para demostrar que se domina la asignatura, pero nunca más: "Muchas palabras nunca indican mucha sabiduría" (Tales de Mileto).
Si tras mucho tiempo de examen uno se bloquea o siente cansancio, es bueno dedicar un momento a relajarse, mover los hombros, cambiar de posición, mirar al frente a lo lejos, respirar hondo y continuar después de un rato. A partir de la hora y media resulta oportuno realizar un breve descanso. En un examen es mejor hacer poco y bien que mucho y mal.
Utilizar todo el tiempo. Es conveniente reservar unos minutos al final del examen para repasar lo que se ha escrito. Al releer las respuestas se podrán detectar errores, frases incompletas o ideas que no se han sabido expresar de forma suficientemente clara. Siempre es importante revisar los resultados, las unidades, la ortografía; corregir todos los errores y completar aquello que pueda parecer confuso. Es el momento de dar esos toques que añaden calidad al examen.
Una vez que se entrega el examen, como dijo Julio Cesar al cruzar el Rubicón, "la suerte está echada". Si ha salido mal, no hay que mortificarse, conviene esperar hasta saber la nota y en la próxima ocasión tratar de evitar los errores que se han cometido en ésta. Al fin y al cabo, sólo se aprende de los errores.

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